sobre mí

Ese de ahí arriba soy yo. Kevin.
Aunque si me hubieras preguntado cuando era niño, te habría dicho que no soy solo eso.
Porque un día, en el salón de mi casa, descubrí algo que me marcó para siempre.
Pero antes te debo contar que no puedo venir aquí diciendo que mi misión/visión en la vida es cambiar el mundo, que tengo unos valores que hacen llorar de emoción y que tengo 33 carreras con 300 años de conocimiento acumulado.
No puedo.
No lo veo serio.
Soy mentor y me dedico a ayudar a las personas a controlar su mente para crear la vida que de verdad desean.
Ni más.
Ni menos.
Si controlas tu mente, controlas tu realidad.
Y cuando controlas tu realidad… todo cambia.
Todo.
Ese es mi trabajo.
¿Suficiente? ¿Insuficiente?
Ni idea. Depende de lo que busques.
Bueno, vamos con lo de mi salón.
Estaba de pie, tranquilo, sin pensar en nada en particular, cuando de repente sentí algo extraño… una certeza absoluta, como si mi cuerpo supiera algo que mi mente aún no había entendido: puedo volar si salto.
Así que lo hice.
Me impulsé apenas unos centímetros del suelo… y me quedé flotando en el aire.
Sentí la ingravidez recorriendo todo mi cuerpo mientras subía lentamente hasta tocar el techo con la palma de mis manos. Luego me giré, como si la gravedad ya no me afectara, y me quedé de pie en el techo mirando la puerta del salón.
Era real. Completamente real.
Estaba tan lúcido que la emoción fue demasiado intensa y me desperté de golpe.
Y ahí, en mi cama, sonriendo de oreja a oreja, entendí algo que cambiaría mi vida para siempre: somos mucho más de lo que creemos ser.
Desde entonces, mi vida ha sido una búsqueda incesante de respuestas.
Siempre he sido curioso, pero no de la forma convencional. No me bastaba con aceptar lo que me decían. Tenía que investigar por mi cuenta, conectar los puntos, cuestionar todo.
Con el tiempo, entendí que no somos solo cuerpos moviéndose en un mundo material. Somos mente, somos alma, y tenemos un potencial inimaginable que ha sido ocultado por siglos.
Los antiguos ya lo sabían. Los grandes conocimientos esotéricos que solo unos pocos en el mundo han dominado…
Y ahí está la clave: la realidad no es algo que simplemente «nos pasa». Es algo que podemos crear.
Dicen que en esta sección debes hablar del problema que solucionas. Y conectar.
Pues vale.
Entonces debería contarte aquí que conmigo aprenderás a manifestar la vida que quieres. Que un buen trabajo de manifestación, uno bueno de verdad, cambia la vida de cualquiera.
No vengo aquí a prometer que cambiaré el mundo.
Eso se lo dejo a los gurús de TikTok y a los visionarios de Instagram.
Pero lo debo hacer sutil, sin darme importancia. Que no parezca que te quiero vender nada. Que vender es malísimo y espanta a todo el mundo.
El protagonismo debe ser para el lector, o sea, para ti.
Vamos, que tengo que llevarte al nirvana. Hipnotizarte. Persuadirte.
Luego lo que debo hacer es contar una buena historia, a poder ser personal. Los bilingües lo llaman storytelling.
Yo superé un resfriado en el 2013. Desde entonces soy mucho más fuerte. Y libre. También encontré el amor.
Espero que ya te estés identificando conmigo.
Con estas cosas conectas con tu audiencia. Y confían en ti. Tú ya debes estar confiando mucho en mí. O deberías.
Y por último tienes que incluir un call to action, vamos, una llamada a la acción.
Que se suscriban, te compren o lo que sea. Pero que hagan algo, que leer es gratis y no vives del aire.
¿Todo bien?
Te lo resumo:
Soy mentor. En eso molo.
En otras cosas no molo.
Tengo sueños y pesadillas.
Me gusta el olor a petricor (es el olor a la lluvia por si no lo sabías), me gustan los videojuegos, entrenar, aprender, abrazar a Marimar y descubrir cada día un poco más del misterio que somos.
También me gusta vivir. Sin más.
Si a ti también te gusta vivir de verdad y quieres aprender a dirigir tu mente para crear tu mundo…
Deberías suscribirte. Es gratis.
Con mis suscriptores me comunico por email y les cuento cosas todos los días.
¿Qué no te gusta? Pues te das de baja, que también es gratis.
Y sigues viviendo.